Yo tengo el poder

Por Ferni Moreno

“¿Estás segura?” me decían cuando contaba mi renuncia a la revista. “Mirá que está duro el mercado” me cuchicheaban en los pasillos de la redacción. “¿Estás loca?” me dijo una amiga, y yo me reí.

Dejar OHLALÁ! fue muy fuerte y muy difícil, no lo voy a negar. Fueron momentos de mente en blanco, de insomnio, de hablar con mi familia, con mis amigos, en terapia, con mis compañeros. Pero más que nada, de escucharme a mí.

Siempre digo que entrar a trabajar en La Nación fue volver a la facultad. Cursar todos los días, rendir parciales, finales, entregar trabajos prácticos y hacer estudios de mercado constantes. Tener amigos, salir en grupo, tomar mate y charlar horas por teléfono. La vara siempre estuvo altísima y eso me hizo crecer mucho.

Tuve los mejores profesores, compañeros que amorosamente me enseñaron a resumir en un copete todo lo que contaba en un texto. A dejar de usar tantos adjetivos. A buscar un título con buena música. A editarme y editar a otros con mirada crítica pero siempre con amor.

Aprendí a armar notas de cero, distinguir tipografías, editar fotos y a dar batalla con uñas y dientes cuando me bajaban una página. Pero también aprendí que es muy importante consensuar, que cada voz construye y que a veces lo mejor es dejar las energías para otro ring.

Aprendí a valorar las buenas ideas, a guionarlas, a armar un plan de acción. Pulí mi ojo como estilista y como directora de arte, salí de mi zona de confort y amplié mi manera de contar historias.

Aprendí a manejar equipos, a entender la sinergia de una producción de fotos, a valorar el compromiso de mis productores. También aprendí a poner límites, a respetar y fortalecer el ADN de una gran marca. Muchas veces me salió bien, otras me salió mal pero aprendí en todas.

Pasé mil horas arriba de combis, taxis, en estudios de fotografía, en campos con mosquitos, en el medio de una playa desierta sin baño a la vista, en un campo lleno de gallinas salvajes, en hoteles, en casas de actrices, en barcos, en islas, en barrios cerrados y en la redacción editando y editando. Y ante todo, reunida.

Recorrí el mundo, hice entrevistas, conocí a diseñadores increíbles. Visité showrooms dignos de desmayo, fui a presentaciones de marcas mega y disfruté de los desfiles más alucinantes de las semanas de la moda.

Aprendí a adaptarme a los cambios, a despedir a grandes amigos y a recibir otros. Puro vértigo, gente que entraba y salía todo el tiempo, al principio fue duro porque me encariñaba con todos pero me acostumbré con el tiempo.

Fui parte de la creación de un nuevo medio bautizado OHLALALÁ!MODA. Dejé de tener vida en los meses de preproducción, di lo mejor en cada número y ver los resultados me llena de emoción y orgullo.

Todo lo que aprendí, todo lo que viví, todo lo que conocí por OHLALÁ! me cambió, soy mejor, soy más fuerte, soy más feliz.

Hice amigos de esos que duran toda la vida y hasta tengo un ahijado al que amo locamente.

Pero como toda facultad, o te recibís o cambiás de carrera o dejás. Yo me recibí, y aunque fue raro dejar ese gran lugar de pertenencia, solté. Porque cuando las cosas cumplen su ciclo, quedarse es seguir repitiendo, y me queda mucho por descubrir.

No todo fue color de rosa, obvio. También hubo momentos estresantes, situaciones incómodas, como todo trabajo. El día a día nos pone frente a obstáculos que a veces, se tornan bizarros y está buenísimo entender que podemos decir “hasta acá llegué” cuando sentimos que eso no va más con nosotras. Eso también es crecer.

Y así, salí al ruedo en mi “carrera solista” como me dijo un amigo. Y el medio me recibió con una sonrisa de oreja a oreja, marcas que siguieron confiando en mí como comunicadora y como directora creativa en campañas y videos. También hubo colegas que no tanto, pero por suerte son los menos y también sé que todo es un Yin – Yan y celebro las hermosas oportunidades que tengo.

Me caí, me levanté, lloré y reí mucho este año antes de tomar esta decisión, pero no saben lo bien que se siente saber que el volante de tu vida está en tus manos y que así debe ser siempre. Vos creás tu realidad, no al revés.

Di uno de los pasos más grandes de mi vida, luego de siete años dejé mi puesto de directora de moda de una de las revistas más importantes del país. Y soy mejor, soy más fuerte, soy más feliz, estoy inmensamente agradecida y yo tengo el poder de decidir mi camino.

Recuerdo a mi amiga diciendo “¿estás loca?”, y le tengo que decir que un poco sí, y eso es lo mejor que me puede pasar.

#lavidamisma #amomitrabajo

#amomitrabajo, #lavidamisma
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