Teléfono, mi casa

Por Ferni Moreno ● Ilustración de Catriel Martínez

Todo estaba bien, el aire fresco de la mañana dibujaba en tu boca una sonrisa, el verdulero te hizo un descuento en las cerezas, la rosa china te regaló una flor gigante y el perrito de tu vecino te hizo ojitos cual enamorado, todo cursimente en orden. Hasta que metés la mano en el bolsillo y CHANNNN.

Tu sonrisa se fue a la B. Sudor frío, palpitaciones, ojos desorbitados. Te invade un terror equivalente a ver a la nena de “El exorcista” toda poseída caminando para atrás en la escalera. Más miedo que cuando tu mamá te llama por los dos nombres. Más miedo que cuando te llega el resumen online de tu tarjeta. Miedo posta. Es un hecho, tu teléfono NO ESTÁ. Y ahí comenzás a revolver todo. Arrancás por la cartera y sus 300 recovecos, una y otra vez. Te agarrás la cabeza. Comenzás a reconstruir tus últimos momentos. “Lo dejé en el mostrador del verdulero”, “se me cayó cuando saqué la billetera”, “lo apoyé en una ventana cuando toqué al perrito y lo dejé”, mejor aún: “ME LO ROBARON Y NO ME DÍ CUENTA LPM”.

Lágrimas en los ojos. “Perdí toda la agenda, ni a Tomy puedo llamar para contarle que me robaron porque no sé su número”. Palidez extrema. Todo, en 2 segundos. Hasta que recordás, que lo pusiste en el bolsillo de atrás del pantalón luego de instagramear la rosa china. Entonces volvés a sonreír como una desquiciada al tocar el aparato perdido en tu traste. Amorosamente lo mirás, mano en el pecho incluída, como si fuese Ryan Gosling en The Notebook. Lástima que no da para chaparlo ¿no? Al menos no por ahora…

#lamatrixbaby #blackmirrorunporoto #cualquiercosamenoselteléfono #teamomovicom
  • Share