Querida silla…

Por Ferni Moreno ● Ilustración de Catriel Martínez

Vos, que estás ahí para recibir todas las prendas que usé durante el día, las que descarté a la mañana y las que dejé el sábado antes de salir a “livin’ la vida loca”. Vos, que cargas los abrigos, los jeans de todos los talles, los corpiños deportivos sin estrenar y ante todo, mis 400 camisas. Vos, que dejaste de ser usada para cargar este cuerpecito y ahora sos un perchero mutifuncional, a vos te digo GRACIAS. Gracias y APS (“adiós para siempre”). Prometo devolverte tu hermosa funcionalidad y liberarte siguiendo estos pasos:

• Por las mañanas jugamos a armar looks y la silla queda como una montaña de ropa triste y descartada. Si hay prendas que hace un año no elegís, regalalas, no las vas a usar más.
• Conocer tu vestidor hace que ganes tiempo y te sientas segura de tus elecciones. Si dudaste y te probaste todo, cuando elijas lo que va, guardá el resto.
• Cuando llegás a tu casa y te sacás la ropa para abrazarte al remerón XL categorizalas: “para lavar, las pongo en el bolsón de ropa sucia”, “se sigue usando, se cuelga o se dobla”, “¿estado dudoso? se pone a lavar”.
¿Simple no? ¿Bastante obvio? Bueno, sí, pero hacelo hasta que se convierta en hábito.

Ventajas de liberar tu silla:• La ropa que descartás queda apilonada y se arruga, volverla a planchar implica trabajar el doble. Y ponértela con arrugas, va si sos Jeremy Scott. ¿No es el caso? Entonces, media pila.
• Las prendas limpias se mezclan con las sucias y es una ensalada poco saludable.
• Quizás te perdés de ponerte algo que está debajo de todo y no recordabas que tenías.
A Marie Kondo no le gustaría.
• A tu abuela tampoco.

¡Free the silla! Festejalo sentándote en ella y cantando una de Luismi, dale que va.

#modaporfavor #asisi
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